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Cuento de Almendrita
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En uno de sus paseos por el jardín, Almendrita encontró un gran pájaro negro tirado en el suelo, estaba muerto de frío... era una golondrina se había separado de sus compañeras. Almendrita la cuidó, la alimentó y la mantuvo escondida hasta que estuvo totalmente recuperada. La golondrina le dio las gracias y se fue volando con sus compañeras.

Así pasaban los días tranquilos y felices, pero sucedió que la ratita tenía un amigo, el Señor Topo que se enamoró de Almendrita, así le hizo saber a su amiga la ratita que deseaba casarse con la preciosa niña. El Señor topo tenía una grandes garras con las que excavaba los túneles de su oscura mansión y era muy muy feo.

A la ratita le pareció una idea genial pero Almendrita lloraba y lloraba porque la casa del Señor Topo estaba bajo tierra y si se casaba con él nunca más volvería a ver el sol, ni a sus amigas las flores, ni a los pajarillos, ni a los árboles.

La ratita hizo que las arañas le tejieran el más bello ajuar que una novia puede tener, sábanas de fina y delicada tela, manteles bordados con esmero pero ¡pobre Almendrita! cada vez estaba más triste.

Un día escuchó una voz en el cielo que le decía "Queví, queví", era su amiga la golondrina que le dijo: _ Ya llega el frío y mis amigas y yo nos vamos a las cálidas tierras de Egipto a pasar el invierno.

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